Historia

 Historia

El Instituto de Educación Secundaria Alonso de Avellaneda inició sus actividades en septiembre de 1961 como Escuela de Aprendizaje, siendo la primera en la provincia de Madrid, fuera de la capital.

Los primeras especialidades implantadas fueron las de Electricidad, Madera y Mecánica.

En el curso 1971-72 se transformó en Escuela de Maestría Industrial, entonces ya no existía la especialidad de Madera, y de ella han salido centenares de profesionales de la Mecánica y la Electricidad que han tenido una influencia muy grande en el desarrollo de la Ciudad y del corredor del Henares.

Con la Ley General de Educación de 1970 el centro pasó a ser "Centro Nacional de Formación Profesional Nº 1". En su 25 aniversario (1986), el centro ya era Instituto de Formación Profesional y pasó a denominarse I.F.P. "Alonso de Avellaneda". Del centenar de alumnos matriculados en el curso 1961-62 se pasó a más de un millar en esas fechas. La escasez de espacios llevó a que se construyera un nuevo centro en pleno polígono de expansión, entonces, de la Ciudad en la calle Vitoria nº 3 para 840 puestos escolares. Las actividades lectivas en las nuevas instalaciones dieron comienzo en el curso 1987-88.

En el curso 1991-92 el Claustro de profesores apostó por implantar anticipadamente la Reforma, iniciándose el curso 1992-93 la impartición del tercer curso de la Educación Secundaria Obligatoria.

Hasta el curso 2012/13, junto con la Formación Profesional, se impartió la Educación Secundaria y el Bachillerato, comenzando, en el curso 2013/14, la desaparición paulatina de estas enseñanzas.

En el curso 2016/17 se inicia la vuelta a los orígenes como Centro de Formación Profesional, pues se amplía la oferta educativa al trasladarse todas los ciclos de la Familia Profesional de Servicios Socioculturales y a la Comunidad del IES Complutense a nuestro Instituto.

Prácticamente desde su comienzo, el centro ha ofrecido a la sociedad Complutense las máximas facilidades posibles para su formación e inserción laboral, manteniendo regímenes de enseñanza nocturnos y actualmente vespertinos, ofertando a sus alumnos, padres y personal actividades culturales que se proyectan fuera del recinto escolar, en muchos casos, y se integran en la vida cultural de la Ciudad y manteniendo excelentes relaciones con el mundo empresarial.

¿Por qué Alonso de Avellaneda?

La Comunidad escolar de este Instituto ha sido siempre muy sensible a las necesidades del entorno ciudadano y, por ello, al elegir el nombre que caracteriza al centro se fijó, en primer lugar en ese aspecto. Y Alonso (Alfonso) Pablo de Avellaneda y Peñalosa fue un alcalaíno del siglo XVIII, muy imbuido del pensamiento de su época, caballero de la Orden de Santiago, ayuda de cámara del rey y teniente alcaide del Real sitio de la Casa de Campo.

Estos títulos no nos cegaron. Nos sedujo, en cambio, el que, cuando otorgó testamento el 9 de agosto de 1748, dejó toda su hacienda para fundar dos escuelas, “una de muchachos y otra de muchachas”, para que se les eduque y enseñen “las primeras letras...” y, todo ello, “sin interés alguno”, dándoles incluso mantenimiento y vestido a aquellos que lo necesitaban.

Estos datos nos parecieron muy elocuentes para que un centro de Alcalá ostentase el nombre “Alonso de Avellaneda”, así sintetizado, con orgullo. Y nos atrajo de manera especial ese mensaje de formar hombres y mujeres completos como un quehacer atrayente para las gentes dedicadas a la enseñanza.

Don Alonso de Avellaneda y Peñalosa

Don Alonso de Avellaneda y Peñalosa fue un alcalaíno Caballero de la Orden de Santiago, ayuda de cámara de Su Majestad y Teniente Alcaide del Real sitio y Casa de Campo.

En agosto de 1748 otorgó testamento y mostraba en él una sensibilidad poco común. Eran momentos en que decaía la Universidad de Alcalá y no se cubrían las necesidades docentes de la infancia. Al mismo tiempo, la Ilustración abría nuevos caminos para los hombres y, Alonso de Avellaneda lo refleja en su voluntad:

“Queriendo manifestar a mi patria la ciudad de Alcalá algún reconocimiento por el amor que naturalmente la tengo, mando que después de practicar almoneda de todos mis bienes, quiero que el dinero que se hallase en el ser al tiempo de mi fallecimiento (pagadas las deudas si las dejare) y todo lo que produjere la almoneda… de todos mis bienes muebles y alhajas… que mis testamentarios consideren si… pueden producir diez y ocho reales de vellón en cada un día, y pudiendo, es mi voluntad… funden en la Ciudad de Alcalá de Henares sus escuelas, para que todo el común de aquella Ciudad logre con su enseñanza y doctrina, aprovechándose de los principios de la juventud…”

Quería Avellaneda que fuesen los Escolapios quienes se hicieran cargo de dichas escuelas pero…

“… es mi voluntad que si los dichos PP no aceptasen esta fundación o no pudiesen plantificarse… que por mis testamentarios pasado que sea una año sin que se haya podido tener efecto, establezcan y funden en la referida Ciudad de Alcalá dos escuelas públicas, una para muchachos y otra para muchachas, que en ellas se les eduque y enseñe las primeras letras y doctrina cristiana… al maestro que ha de regentar la escuela... que este ha de ser de buena vida y costumbres y con la habilidad suficiente para la enseñanza... y para la enseñanza, educación, y doctrina cristiana de las muchachas... se ha de nombrar una mujer capaz, de habilidad, buena vida y costumbres cual se requiere para semejante ministerio... todo ello sin interés alguno”

A la muerte de Avellaneda en 1753 no se establecieron las escuelas pías, primeras que decía en su testamento. Y todo lo actuado en torno a la ejecución del testamento recayó informe que aprobó el Ayuntamiento de la ciudad, de donde se extrae los siguientes datos:

“… murió en Madrid Alfonso Pablo de Avellaneda, Caballero de la Orden de Santiago y natural de esta ciudad, dejando sus bienes para que los PP. De las escuelas pías fundase con ellos en esta población una escuela… se declare no haber lugar a la primera parte del testamento… que esta Ciudad debe solicitar que tenga efecto la segunda parte del testamento de Abellaneda… con obligación de mantener escuelas de niños… y el Ayuntamiento en la misma conformidad que antes con el gobierno, proceda a la nominación de maestros y maestras y patrono del origen de la fundación… cumplida la voluntad de D. Pablo Alfonso Abellaneda, pues su principalísimo fin, es, que sus caudales se conviertan en beneficio de la educación de los niños y niñas pobres de su patria… todo lo expuesto después de hacerlo presente a este Ilustre Ayuntamiento, lo sujeta en todo y por todo a la alta y superior penetración del Concejo y lo firmo en Alcalá y noviembre veinte y cuatro de mil setecientos sesenta y tres. D. Isidro Lizano.”

Así lo aprobó el Concejo y así se cumplió. Se verificó la venta de los bienes de Avellaneda por una suma de quinientos sesenta y cuatro mil ochocientos ocho reales y veinte maravedises.

Esteban  Azaña. Historia de Alcalá de Henares. Tomo II. Capítulo VI, páginas 163 y siguientes.
Resumido por D. Francisco Javier García Gutiérrez. Acompañaba a la solicitud de denominación del instituto.

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